domingo, 19 de agosto de 2018

Un bonito cuento. Tolstói bajo la Farola.


Un cuento corto sobre la literatura, la infancia y un gran libro.

 Un relato corto que se lee rápido, por si estás aburrido.

tolstoi-bajo-la-farola-historia-breve

Tólstoi bajo la farola.


Un niño pequeño, cuya edad el viejo Jason estimó en unos siete años, estaba quieto en mitad de la acera. Lloraba desconsoladamente, y su figura estaba cubierta por un manto de lluvia. El niño llevaba una camisa azul, cubierta por un jersey de rombos burdeos, y unos pantalones negros, de los que los niños hijos de nuevos ricos eran obligados a llevar. Su tez, blanca como el azahar, estaba empapada, en parte por lágrimas y también por gotas de lluvia, que le daban a su piel lisa el aspecto de un azulejo. El viejo Jason, movido por la mezcla de curiosidad, simpatía y compasión que aquel pequeño le producía, le dijo desde su casa, aquel lugar bajo la farola de la tercera avenida: 
- Tú, chico, ¿quieres que te enseñe algo?
 - Mi mamá me dice que no hable con desconocidos. 
- Ajá. ¿Y dónde está tu mamá ahora? 
- No lo sé, me he perdido.
 - Ya veo… 
El viejo Jason se levantó, se acercó al niño y le tendió su mano huesuda y cubierta de venas.  
- Jason Jackson, un placer. ¿Usted es? 
El niño, algo temeroso, le dio la mano al viejo y respondió: 
- Peter Fane.
 - ¿Ves? Ya no soy un desconocido. 
- Sí, puede que tengas razón… 
- Peter dejó escapar una risa.
 - Bien, ¿quieres que ahora te enseñe eso que quería que vieras?
 - No lo sé… mi mamá no estaría de acuerdo.
 - Ya, pero… ¿está aquí tu mamá? Venga, te lo enseñaré. 
El viejo Jason se acercó de nuevo a la farola a la que llamaba hogar, y removió sus mantas hasta sacar un objeto voluminoso, polvoriento y bastante deteriorado, que protegió con su cuerpo y su chaqueta de la lluvia.  
- ¿Qué es eso? – preguntó el niño.
 - Un libro. No, no es un libro. Es El Libro. 
Peter se acercó, y recorrió con sus ojos las letras amarillentas que poblaban la portada: Leon Tolstói: Guerra y Paz. 
- ¿Y por qué es tan importante este libro, señor Jason? - Por todo, Peter, por todo. Por cómo fluye el libro en sí, por el impecable retrato de la sociedad de su época que constituye, por la exquisitez en la narración, por la genialidad sobre todo en los pasajes bélicos. Peter, el día en que se supere la calidad de este libro, el hombre habrá superado a Dios. - ¿Y por qué tanto por un libro? - Peter, esto no es un libro, es para mí un mensaje divino, una bendición para la humanidad, enviado a través de un profeta llamado Tólvstoi. Lo comprenderás. 
Jason abrió el libro. Acarició las primeras páginas, mimando aquella impresión como si de un hijo se tratase. Finalmente comenzó a leer: 
‘Eh bien, mon prince, Génova y Lucca ya no son más que posesiones de la familia Bonaparte. No, le prevengo que si usted no me dice que estamos en plena guerra, si vuelve a permitirse paliar todas las infamias…’ 
Peter escuchaba el relato que el mendigo recitaba de memoria, o al menos esa impresión tenía el chico, a pesar de que Jason seguía las líneas del texto con la vista. El niño no estaba seguro de entenderlo, pero aun así no podía resistirse a aquellas palabras tan musicales que embriagaban sus oídos y su mente. Jason leyó por un largo rato, y más de una vez Peter vio caer de los ojos del aciano alguna lágrima que impregnó las páginas amarillentas. La noche pronto se cernió sobre ellos, y fue entonces la luz de la farola la que les iluminó, sustituyendo al sol cuya luz antes se filtraba tras las nubes. Pasadas ya más de tres horas de narración, la voz de Jason Jackson fue interrumpida por otra: 
- ¡Peter! ¿Qué haces aquí con este hombre? ¿Estás loco? ¡Te dije que no te movieras de la puerta del hotel!
 - ¡Mamá, mamá! Este señor no es malo. Además, empezó a llover y me fui a buscar la estación de metro para refugiarme, pero me perdí, y me asusté…
 - No quiero oír tus escusas, niño. ¿Sabes acaso dónde ha podido estar este señor?
 - Señora, por eso no se preocupe. No me he movido de esta farola. - ¡Esto es ridículo! Ay, dios mío… te vas a enterar cuando se lo diga a tu padre.
 - ¡Pero yo no he hecho nada malo! - El chaval tiene razón. Yo, de ser el padre de este niño, no lo dejaría tirado por ahí en mitad de la calle... 
- ¿Y ahora un mendigo pretende darme lecciones? ¡Esto es el colmo! Peter, nos vamos de aquí. 
La señora agarró al niño del brazo y se lo llevó tirando de él. El chico dijo adiós a Jason con la mano, y este correspondió con una ligera sonrisa de simpatía. 

*** 

Sin embargo, no sería la última vez que Peter Fane vería a aquel hombre. Tampoco sería la última vez que las letras de Tolvstói tendrían la ocasión de deleitarle. Pero sí fue la primera vez en ambos casos, fue el comienzo de dos relaciones que cambiarían la vida del joven Peter. 
Los encuentros posteriores que Peter mantuvo con el viejo Jason fueron algo más clandestinos. A pesar de las represalias que sus padres le imponían, el joven no podía evitar escaparse, en busca de aquella farola de la Tercera Avenida, para encontrarse con aquel cálido mendigo y con ese libro, ese libro que no dejaba de fascinarle. El anciano nunca le dejaba leerlo, él debía limitarse a escuchar su narración. Hasta aquel día, claro.  
En una de sus furtivas visitas al viejo Jason, Peter notó en este algo raro. No, no era nada malo. Al contrario, mostraba un brillo en los ojos que no era habitual en él. 
-  Hola, Peter – Jason sostenía el libro entre las manos, en lugar de mantenerlo escondido, como era habitual en él. 
- Hola, buenos días. Un momento… ¿te ocurre algo hoy? Te noto… extraño. 
- Sí, Peter, sí. Mira, creo que es hora de que lo sepas. 
- ¿Qué? 
- Peter – Jason se llevó la mano a la frente, recorriendo con los dedos su pelo canoso -. Ya tienes once años, es hora de que empieces a leer de verdad. 
- ¿A leer de verdad? 
- Sí Peter, sí. Es hora de que conozcas el placer de la lectura en todo su esplendor. Fue con tu edad cuando yo leí por primera vez Guerra y Paz. Ahora quiero que lo hagas tú. 
- Pero… sí ya me la has leído tres veces. 
- No es lo mismo, Peter, no es lo mismo. Es hora de que lo leas con tus propios ojos. Es hora… de que este libro pase a ser tuyo. 
Era cierto, no era lo mismo. Aquel día Peter Fane comenzó a leer Guerra y Paz, y hasta que, dos días y dos noches más tarde corrió la última página, no pudo parar. Fue entonces cuando decidió que dedicaría su vida a los libros, a la lectura.  
La misma mañana en que terminó de leer la obra maestra de Tolvstói, fue a visitar al mendigo para devolverle el libro, y darle las gracias por haberle desvelado el que siempre consideraría, hasta el fin de sus días, como el mejor libro de todos los tiempos. Sin embargo, bajo la farola no encontró rastro alguno de él. Ni siquiera estaba allí su manta, ni ningún resto de basura o de comida. Peter sintió… que se había esfumado.

*** 

Yo, Peter Fane, no volví a saber más de aquel hombre. Sin embargo, su influencia marcaría el resto de mi vida. Tras Guerra y Paz, pronto me lancé a descubrir más autores. El primer libro con el que me topé fue con Tom Sawyer, un libro que, dado el alto listón que había colocado Guerra y Paz, no cubrió para nada mis espectativas. Pasaron varios años, que dediqué principalmente a la lectura de Dumas y a los grandes poetas españoles, principalmente a Bécquer, que aún me supieron a poco en comparación con el gran Tolvstói, hasta que encontré otro libro capaz de dejarme huella. Se trató esta vez de Charles Dickens y su Oliver Twist. Más tarde, mi querido Dorian Gray y el fantástico Orgullo y Prejuicio de Jane Austen terminaron de enamorarme por la lectura.  
A los veintiún años, tanto leer me trastornó lo suficiente como para cometer la que consideré siempre la gran locura de mi vida: escribir un libro. La Vida y la Muerte del Señor Sin Nombre, lo llamé. Una larga historia de casi mil quinientas páginas en las que hablaba de las tramas que habían rodeado la vida de un personaje imaginario. Nada más enviarlo a la editorial, me di cuenta de la bazofia que había creado, y me arrepentí de haberlo escrito. Para mi asombro, la editorial lo aceptó. Al recibir la noticia comencé a pegarme cabezazos contra la pared: mi monstruo saldría a la luz. 
Pensé que nadie lo compraría, que era demasiado horroroso. Sin embargo, en una semana me llamaron diciendo que mi libro había sido un éxito, que ya habían empezado a imprimir una segunda edición. Lo que hice fue romper a llorar. Sabía que aquel libro era horroroso, lo sabía. No podía haber triunfado tal sabotaje a la literatura. 
Ya no había vuelta atrás. Debía volver a escribir otro libro, los editores iban detrás de mí. ‘Soy el asesino de la literatura’, pensé.  
Mi segundo libro se tituló Adiós País, una novela sobre un rico que, amén de conservar su fortuna a toda costa, realizaba miles de barbaridades. Al verlo terminado, exhalé un suspiro de alivio y satisfacción. Lo consideré una obra maestra, la compensación de la monstruosidad que era La Vida y la Muerte del Señor Sin Nombre. Sin embargo, aunque lo envié a treinta editoriales, para mi triste sorpresa ni una sola llegó a ponerlo por encima de un chicle pegado a la acera. 
A partir de entonces, la frustración en la que me hundí me impidió escribir más, y me fui arruinando poco a poco. Embargaron mi casa, y tuve que irme a un pequeño piso del Bronx. Finalmente, me echaron del piso y acabé en la calle. Me alojé bajo la misma farola de la tercera avenida donde había conocido al viejo Jones, con nada más encima que unas ropas viejas y cincuenta años. 
Allí comencé a escribir mi tercera novela en unos cuadernos viejos. Por Todo lo Alto, la titulé. Una historia sobre la felicidad, sobre un joven que dedica su vida a perseguirla. Al terminarlo, me enamoré de él. No fui capaz de enviarlo a ninguna editorial, me sentía como el único que podía tenerla.  
Ese día me di cuenta. Ya supe lo que le había pasado al viejo Jason. Él… él vivía del libro, Guerra y Paz era su alma. Cuando me lo dio… él ya no era nada.  
Y es que mi destino no ha sido muy diferente al suyo. Soy un mendigo, viejo a mis sesenta y tres, enamorado de un libro, y viviendo incluso bajo la misma farola que él. Tiene sentido que acabemos igual. Hoy… hoy me toca esfumarme. Hoy he decidido que ya es hora de vencer mis egoísmos y dejárselo al mundo. Voy a enviarlo a una editorial de una vez por todas. No soporto no saber si el mundo lo vería de verdad como yo lo veo. Hoy… pongo punto y final.

Escrito por mí (Darío Bejarano Paredes o Atoman, como prefieras).

jueves, 16 de agosto de 2018

La novela 'Leviatán' y su autor, Paul Auster.

Por qué leer 'Leviatán', uno de los mejores libros de Paul Auster.

Reseña de la novela más sorprendente del escritor norteamericano y un breve resumen de la trayectoria de su autor y sus otras novelas.

leviatan-novela-auster-reseña

Argumento:

Un hombre vuela en pedazos mientras estaba fabricando una bomba. Tras el gran petardazo quedan tan pocos restos que la policía no tiene modo de averiguar de quién se trata. Pero el escritor Peter Aaron cree que conoce la identidad del fallecido. Está convencido de qué se trata de su amigo Benjamin Sachs, que lleva perdido unos meses. Desde la perspectiva de Aaron, se analiza la vida de Sachs desde que ambos personajes se conocieron un día en una lectura literaria que no se llegó a celebrar, muchos años atrás en Nueva York, pasando por su infancia, su matrimonio y su único libro, El nuevo coloso, para explicar los motivos por los cuales se debe sospechar que es él la persona que murió en la explosión.

El autor, Paul Auster:

Paul Auster es un escritor estadounidense nacido en Nueva Jersey en 1947. Aparte de 'Leviatán' ha escrito novelas como 'La trilogía de Nueva York' ('Ciudad de cristal', 'Fantasmas' y 'La habitación cerrada'); Moon palace (1989); La música del azar (1990), El libro de las Ilusiones (2002), Brookling Follies (2005) o Viaje por el scriptorium (2006), entre otras. También dirigió la película Smoke (1995).

Ha recibido galardones como el Premio Médicis por Leviatán o el Independent Spirit Award por el guión de Smoke.

Hoy en día vive en Brookling, Nueva York.


auster-novelas-películas



Por qué leer Leviatán:

Leviatán sea tal vez la novela más original de Paul Auster. El personaje de Sachs es delicioso, un
genio escritor, tan fiel a sus principios como el papa a la religión, un excéntrico elocuente con una mente con la que se daña a él mismo. A través de los capítulos se van encadenando los sucesos que tienen alguna relación con la muerte del personaje, dejando volar mientras la imaginación del lector.

Peter Aaron es un claro alter ego del escritor. Ambos son escritores y comparten las siglas... Y eso es solo el principio.

Un gran libro, una de las grandes obras de Auster.

sachs-personaje-leviatan


Compra Leviatán, de Paul Auster.

lunes, 13 de agosto de 2018

Thomas Wolfe, Max Perkins y 'Genius' ('El editor de libros').

El escritor Thomas Wolfe y el editor de libros Max Perkins protagonizan la película 'Genius'.

'Genius', en España 'El editor de libros' y en Latinoamérica 'Pasión por las letras' de 2016 dirigida por Michael Grandage que cuenta la historia del editor Max Perkins y el escritor Thomas Wolfe.

Tráiler en español.

Max Perkins fue tal vez uno de los mejores editores de todos los tiempos. Descubrió a Hemingway, a F. Scott Fitzgerald y al relativamente desconocido Thomas Wolfe

Este fue el autor de las novelas 'El ángel que nos mira' (1929); su obra más conocida, 'Del tiempo y del río' (1935); 'The web and the rock' -La tela y la piedra- (1939); y You can't go home again -No podéis ya regresar- (1940). Estas dos últimas fueron publicadas tras la muerte del autor, pues este falleció a la prematura edad de 37 años, en 1938.

La película 'El editor de libros' está basada en la novela 'Max Perkins: editor of genius'.

Biografía de Thomas Wolfe.

el-editor-de-libros-wolfe

Thomas Wolfe era el menor de ocho hijos, de familia más bien humilde.  Estudió en la Universidad de Carolina del Norte, donde debido a un ensayo suyo recibió el Premio al Mérito en Filosofía, y en Harvard, donde estudio dramaturgia. Y es que su propósito inicial era ser dramaturgo, pero las malas críticas hacia sus primeras representaciones le hicieron inclinarse por escribir novela. 

Fue uno de los muchos autores que buscaban escribir la 'Gran Novela Americana', el gran libro del siglo XX, una que destacase claramente sobre el resto. Su estilo era muy poético y barroco, a menudo autobiográfico, tan original que, tal vez, de haber vivido más, hubiese alcanzado el sueño de aquel libro total.

novela-del-siglo-xx-thomas-wolfe
Wolfe buscaba la 'Gran novela americana'.


Aunque antes había publicado cuentos y obras de teatro, su primer libro fue 'El ángel que nos mira'.
Una de sus primeras frases, y sin duda el fragmento más conocido dice así:

'... una piedra, una hoja, una puerta ignota; de una piedra, una hoja, una puerta.Y de todas las caras olvidadas.Desnudos y solos llegamos al desierto. En su oscuro seno, no conocimos el rostro de nuestra madre; desde la prisión de su carne, vinimos a la prisión indecible e inexplicable de nuestro mundo.¿Quién de nosotros conoció a su hermano? ¿Quién de nosotros observó el corazón de su padre? ¿Quién de nosotros no estuvo siempre prisionero? ¿Quién de nosotros no será siempre un extranjero solitario?Erial de perplejidad, en los ardientes laberintos; perdidos, entre brillantes estrellas, en esta tediosísima ceniza, ¡perdidos! Recordando sobrecogidos, buscamos el lenguaje olvidado, el perdido sendero que conduce al cielo, una piedra, una hoja, una puerta ignota. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Oh, fantasma perdido, batido por el viento, vuelve a nosotros!'

La soledad fue uno de los temas de su obra. En 1935 publicó su obra más famosa,  'Del tiempo y del río', protagonizada, al igual que 'El ángel que nos mira', por Benjamin Gant. Sus otras dos novelas, The web and the rock y You can't go home again se publicarían de manera póstuma, y el personaje principal sería George Webber, que no es sino Benjamin Grant pero con diferente nombre.

Una neumonía que se complicó unida a una infección cerebral acabó con su vida con 37 años y toda una vida y una carrera literaria por delante.

Maxwell Perkins.

Maxwell Perkins (1884-1947) era nieto de William M. Evarts (secretario de estado de EEUU) por parte de madre. Estudió económicas en Harvard graduándose en 1907. Empezó trabajando como reportero en The New York Times. En 1910 empezó a trabajar en una editorial, la Charles Scribner's Sons. 


max-perkins-hemingway

Aunque la empresa ya publicaba a autores como Henry James o Edith Wharton, Perkins se centró en buscar jóvenes promesas. En 1919 encontró a F. Scott Fitzgerald, autor de 'El gran Gatsby' y del 'Curioso caso de Benjamin Button'. A través de Fitzgerald encontró a Ernest Hemingway en 1926. Cuando murió el editor, Hemingway le dedicó a él 'El viejo y el mar'. 


Los años de trabajo con Wolfe fueron los más duros. Los manuscritos originales de Wolfe eran eternos, y a veces les llevaba años resumirlos y corregirlos, en parte debido a la oposición del escritor. Para 'El ángel que nos mira' tuvieron que recortar 90.000 palabras.

Murió debido a una neumonía a la edad de 62 años.


miércoles, 8 de agosto de 2018

Pensamiento de jardín, mi cuento sobre la belleza.

Un cuento que nos demuestra que hay cosas que no se pueden expresar con palabras.

Porque la belleza es comprensible por todos y todo... ¿Por qué no usarla como lenguaje?

Un profesor obsesionado con encontrar este idioma basado en la belleza planta una flor como símbolo de lo bello a la entrada de su casa, ignorando que ese pensamiento violeta que acaba de plantar posee el secreto del lenguaje que tanto persigue... Así comienza la historia de este pequeño cuento escrito por mí...

relato-corto-belleza
Pensamientos violetas.

PENSAMIENTO DE JARDÍN

De tanto usar las palabras, no nos dimos cuenta de que éstas son solo una más de las vías que la naturaleza nos dio para comunicarnos. Así lo pensaba el profesor Leopoldo Limero, destacado filólogo de la región, que desde que dejó atrás su juventud deseaba que el pensamiento dejase de ser una simple vocecita en la cabeza, y pasase a ser algo más completo que fuese más allá del sonido, del lenguaje y de lo explicable por medio de caracteres y fonemas.
Fue el profesor quien un día me plantó a mí, un pensamiento violeta,  en la entrada a la parcela que rodeaba su casa, para indicar que de allí hacia dentro no se podía razonar mediante el lenguaje, sino mediante la más pura belleza, belleza como la que encierra una flor. Le gustaban los pensamientos por ser una de las pocas flores que florecían en las épocas más frías, y porque siempre se habían relacionado con la nostalgia.
Así, cuando tenía solo treinta y dos años, comenzó la labor de crear una forma de comunicación no basada en ningún idioma, pues estos sólo podían ser leídos o escuchados: él quería que su invención pudiese ser sentida.
Cuando aquel brillante ser me plantó junto a su buzón, era todavía un joven, de una languidez bohemia, cuyo rostro giraba alrededor de sus ojos claros, penetrantes en el centro de unas cuencas oscuras. La manera en que vestía seguía un único propósito: llamar la atención, y era capaz de ponerse cualquier cosa con tal pretexto, siempre que no arruinase la imagen que le gustaba crearse de excéntrico elegante.
Era todavía algo inexperto en asuntos del corazón, sin embargo, como para saber mucho sobre los sentimientos que un papel tan importante debían desempeñar en aquella creación utópica. Empezó pues, interesado más en la búsqueda de la inspiración que en la de un alma compañera, a perseguir ese amor  que tanto se le había resistido.
No lo costó mucho tiempo encontrar la pasión en muchas de las mujeres que frecuentaban los antros de artistas sin lienzos, actores sin papel y poetas sin versos que solía frecuentar. Desgraciadamente, aquellos amores breves se fundían por su propia incandescencia, y derretidos se escapaban entre sus dedos. Durante varios meses continuó viajando de romance en romance, pero siempre quedaba en él algún recuerdo de las pasiones anteriores. Aquellos restos de amor se fueron acumulando en su alma hasta dejarla anegada, y entonces se derrumbó. Cierto, esa marea constante de amores y desamores le había enseñado mucho sobre los sentimientos humanos, pero ahora que había probado el amor lloraba cada vez que lo veía evaporarse. Necesitaba una pasión que durase para siempre.
Comenzó entonces el periodo durante el cual nos conocimos mejor. El invierno que estoy narrando empezó gélido y seco, como siempre, pero también fue así dentro de Leopoldo Limero. En aquella época empezó a pintar, porque la pintura se llevaba lo que atormentaba su corazón. No tardó en acordarse de esa flor que había plantado en la puerta de su casa cuando buscaba objetos para dibujar.
En pocas semanas me convertí en el centro de sus obras, y poco a poco nos fuimos conociendo más. Una tarde cualquiera empezó a hablarme, sin saber que yo lo escuchaba y lo entendía. Desde el principio me resultó agradable oír su voz, esa corriente cálida que me agitaba como ligera brisa. Empecé a cogerle cariño a aquel que había tenido la consideración de instalarme en su jardín, y fueron creciendo mis deseos de poder responderle. Por supuesto, por más que me esforzaba, no podía hablarle, no era posible para mí saludarle, comentar aquello que decía, revelarle cómo  de alegre me hacía sentir que me dedicase tantos lienzos al mes. Fue durante estos encuentros artísticos cuando me contó toda su historia, la de aquel maravilloso lenguaje que buscaba y cómo, hasta el momento, sus esfuerzos habían fracasado tan estrepitosamente.
Todavía él no sabía que yo poseía eso que tan fervientemente deseaba encontrar. Ese pensamiento violeta que crecía a la sombra de su buzón carecía de garganta, de lengua y de cuerdas vocales con las que hablar, y de manos con las que escribir. Por ello me valía de un lenguaje puro que no necesitaba apoyarse en palabras. Mi mente se regía por el idioma de los sentimientos, y no por el de los términos que los definían. Pero no podía decírselo.
Cada mañana de aquel invierno intentaba que Leopoldo Limero consiguiese escucharme y entender cada una de las palabras que le dedicaba, y solo conseguía sentirme presa de mi tallo y añorante de una laringe.
Uno de esos días fríos, me habló de Mercedes por primera vez. Ella era la cartera que le llevaba el correo todos los días, quien había traído y entregado todas las cartas de amor dedicadas a sus romances efímeros, y quien, de pronto, se había convertido en el único habitante de su corazón.
La había visto alejándose en bicicleta después de dejar una carta, y al día siguiente se sentó fuera a esperar que pasara para volverla a ver. Su sonrisa resplandecía a la sombra de sus cabellos oscuros, casi lisos, pero en los que brillaban algunos rizos perdidos. Sus mejillas eran pálidas, y sus ojos, tan potentes como yo me imaginaba su personalidad. Yo ya la conocía, pues la había visto todas y cada una de las mañanas de mi vida depositando las cartas en el buzón. Yo sabía también que cada vez que recogía las cartas ella dejaba escapar un suspiro que, en mi lenguaje carente de letras, era una clara y certera declaración de amor, y la esperanza de que alguna vez tuviese que entregarse a ella misma uno de esos escritos.
Aquello no podía desembocar en otra cosa que en la pasión. Las primeras luces de la primavera vieron nacer un romance fantástico, casi difícil de imaginar fuera de los libros de cuentos y las novelas de otro siglo. Fue entonces cuando me di cuenta de que la ventura del profesor no me producía ahora alegría. En cambio, me hacía sentir como si me hubiesen arrancado los pétalos. No supe hasta entonces que yo amaba a Leopoldo Limero. Descubrí  que, en realidad, llevaba enamorada de él desde que vi el primer cuadro que me dedicó. Tal vez fue porque hacer de modelo me hizo sentir importante. Me hizo creerme humana o, al menos, con derecho a amar a un humano.
Sin embargo, yo tuve poco tiempo para contemplar aquella pasión, porque al llegar los meses cálidos, mis pétalos se marchitaron hasta el año siguiente. Cuando terminó mi hibernación, ella ya no estaba.
A finales de noviembre, mis estambres volvieron a brillar bajo la luz azul del invierno más oscuro. Si el año anterior había empezado mal, el primer acto de este se antojaba aún más desgarrador. Una fiebre se había llevado la vida de Mercedes en octubre, y su perfume todavía podía olerse en las lágrimas del profesor Leopoldo Limero.
Él había cambiado, sin duda. Varias arrugas habían surgido en su frente en los pocos meses que llevábamos sin vernos. Salía poco de casa, y pasaba la mayoría de sus horas dando vueltas en su jardín. Apenas le vi sonreír en mucho tiempo. Me sentí tan mal al ver así a aquel joven al que tanto apreciaba, que me puse algo mustia.
El profesor tenía por todas partes retratos de Mercedes, y cada día dibujaba uno o dos más. Aquellos dibujos eran, sin duda, mucho mejores que los que me había dedicado a mí en su momento. Hubiera llevado unos segundos diferenciarlos de una foto, de no ser porque el amor que el profesor desparramaba sobre ellos  no podía ser captado por una cámara.
Ya creía que ni siquiera se acordaba de aquella flor que una vez plantó, hasta que un día me sorprendió la sombra de un caballete y, detrás de este, la silueta de Leopoldo Limero pincel en mano. Algo todavía más asombroso ocurrió después. Le di, en ese idioma que no necesitaba palabras, las gracias, y él me sonrió y me guiñó el ojo en respuesta. Me había entendido.
Empezó entonces a pintar el mejor cuadro que me había dedicado nunca. Sus pinceladas eran ahora mucho más suaves y sutiles que el invierno anterior, y el pincel apenas tocaba el lienzo. Cuando el sol ya se despedía por el horizonte, me mostró aquel fantástico dibujo. Fue entonces cuando se inclinó y, con su voz templada y suave, me dijo:
-          Me he dado cuenta de que tú, pequeña flor, posees el secreto de esa lengua utópica que tanto tiempo llevo persiguiendo. Ahora necesito más que nunca conocerlo. Ese lenguaje tal vez me permita recuperar a Mercedes… Estoy seguro de que, en realidad, ella no se ha desvanecido por completo: sigue en mi mente, y por lo tanto aún se mantiene en este mundo. Te pido que me ayudes a devolverla a la vida y, para compensarte, yo te enseñaré mi idioma.
No pude ser más feliz al oír aquello. Al fin podría hablar con él. Al fin podría revelarle mi pasión silenciosa. Además, sí él me enseñaba su lengua, yo sería algo más que una flor, sería más humana… Pensé que tal vez entonces nuestro amor si sería posible.
Con el fin de enseñarnos nuestros lenguajes el uno al otro, el profesor comenzó a hablarme todos los días durante muchas horas. Yo le respondía, y él intentaba responderme a mí intuyendo lo que podía haberle dicho, pero no solía decir nada con sentido.
Pasadas dos semanas, al menos aprendió a diferenciar cuando yo estaba diciendo algo y cuando permanecía callada. Pero le costó un mes más empezar a afinar en sus respuestas.
Mientras tanto, yo intentaba aprender a leer. A pesar de mis esfuerzos, me seguía resultando complicado encontrar similitud alguna entre un árbol y aquellos cinco garabatos que,  juntos y ordenados de la manera correcta, lo conformaban. ¿Por qué la palabra flor no tenía pétalo alguno? ¿Por qué humano no tenía ni piernas, ni brazos, ni cerebro? No fue hasta mediados de febrero, dos meses después de comenzar nuestras lecciones, cuando me acostumbré a lo curioso de la lengua. Cuando la primavera comenzaba a acercarse yo por fin comenzaba a poseer un extenso vocabulario que, eso sí, no tenía manera de utilizar.
El profesor, por su parte, reducía a ritmo lento el número de palabras que necesitaba utilizar para expresarse, y poco a poco podía entender lo que yo le decía.
No nos dimos cuenta, pero abril había llegado pronto y mi letargo era inminente. A finales de mes, cuando cayeron mis últimos pétalos, podría haberme comunicado con fluidez si hubiese poseído unos labios para hablar y unos dedos para escribir. Pero, al mismo tiempo, ya no entendía lo que pretendía contarme Leopoldo Limero cuando se expresaba sin hacer uso de palabras, y  me costaba cada día más recordar ese lenguaje sin letras ni sílabas. Solo concebía la expresión por medio del habla y la escritura. Por tanto, cada vez me encontraba más perdida, pues seguía careciendo de medios para llevar a cabo ninguna de las dos. Al profesor le ocurría lo opuesto: ya no recordaba casi cómo leer, y le costaba pronunciar. Pero no me di cuenta de eso, pues mis flores se marchitaban y comenzaba mi periodo de descanso.
Mientras hibernaba ese año soñé por primera vez. Solía ver flores, figuras y al profesor, entre otras imágenes que ya no recuerdo. Finalmente, después de varios meses, llegó de nuevo la hora de florecer.
Lo primero que sentí al recobrar la conciencia fue que pesaba más de lo que recordaba. Lo siguiente fue que esta vez no eran mis pétalos los que se desplegaban para captar la luz solar, y que unas membranas cubrían los lugares desde los cuales emanaba mi visión. En lugar de pistilos, tenía ojos; en lugar de hojas, cabellos; en lugar de tallos, extremidades. Me sentía impaciente por probar mis piernas y correr como siempre había visto hacer a los gigantescos humanos. Me pregunté dónde estaría el profesor, y poco a poco me levanté para ir a su encuentro y abrazarle con mis nuevos brazos.
De pronto, vi junto a mis pies dos pequeñas florecitas con los tallos entrelazados.
-          Buenos días, Mercedes. Buenos días, profesor – dije.
Fui a buscar el caballete de Leopoldo Limero.
FIN.
Darío Bejarano Paredes, Atoman (que soy yo).

¡Espero que os haya gustado! A mí, al menos, me gustó escribirlo.

sábado, 4 de agosto de 2018

Cartas de Victor Hugo a su editor. La correspondencia más corta de la historia.

La conversación por carta más breve de la historia entre Victor Hugo y su editor.

En la carta más corta de la historia, Victor Hugo preguntó sobre las ventas de su libro 'Los miserables'.

Victor Hugo.

Victor Hugo fue un poeta francés del siglo XIX, autor de las obras poéticas 'Odas y baladas' (1826),  'Las contemplaciones' (1856) o 'La legenda de los siglos' (1859 y 1877), entre otras, además de novelas tan conocidas como 'Nuestra Señora de París' - más conocida como 'El jorobado de Notre-Dame'- (1831) o 'Los miserables' (1862). De lo que vamos a hablar hoy tiene que ver con esta última.

Los mensajes más cortos de todos los tiempos.

Y es que Víctor Hugo estaba de vacaciones cuando se publicó el libro, y quería saber que tal estaba yendo la venta. Tal vez porque cuando uno está de vacaciones no tiene ganas de hacer mucho, al escritor no le apetecía escribir una carta para preguntarle a los editores sobre el tema. Sería por eso que pensó en la manera de escribir una misiva lo más corta posible, y envió esto:

interrogación-correspondencia-victor-hugo

Sí, '?', un signo de interrogación. Afortunadamente, los editores parece que le entendieron, y es más, tampoco tenían muchas ganas de escribir:

Sí, '!' esa fue su respuesta. Un  sigo de exclamación. Los Miserables, en efecto, fue todo un éxito.

¿Os ha gustado? ¡Entonces, seguidme, porfa! Echadme así una mano, que se hace en un momento. Hasta pronto!!!

Si te ha gustado, tal vez te interese leer:


martes, 31 de julio de 2018

León Tolstói. Vida y obra del escritor.

Biografía y libros del autor ruso Lev Tolstói.

Vida y novelas del escritor de Guerra y Paz y Anna Karénina.

escritor-ruso-lev-tolstoi-autor

León (o Lev, en ruso) Tolstói fue un escritor ruso del siglo XIX. Nació en 1928 en la localidad de Yasnaia Poliana, hijo de Nikolay Tolvstoi y de Mariya Tolstaya. Sin embargo, su madre murió cuando Lev tenía solo dos años, y su padre siete años después. A la edad de nueve años, el pobre León había quedado huérfano, y que tuvo que vivir con dos tías suyas. 

Estudios.

Empezó a estudiar en la Facultad de Letras de la Universidad de Kazán, aunque lo dejó y estudió Derecho. Lo curioso es que el futuro genio no era precisamente lo que se suele llamar un 'empollón'. Él mismo contaría en Adolescencia que por aquel entonces era poco más que un ligón algo alcohólico, con poco interés por estudiar y mucho por divertirse. Se piensa que le dejaron graduarse porque, simplemente, era rico e hijo de nobles. Visto que llegó a ser uno de los mejores escritores de todos los tiempos, con el tiempo sentaría cabeza...

joven-leon-tolstoi-escritor

Sus comienzos.

Al salir de la Universidad huyó de las ciudades para irse a su pueblo natal con los campesinos, y allí empezó a sentirse culpable al ver cómo vivían. Fue tal vez aquello lo que le hizo cambiar de punto de vista, e irse a Crimea con su querido hermano Nicolás. El ejército se fijó en ellos y lucharon como artilleros en la Guerra del Cáucaso. Allí conoció a Marenka, una cosaca. Ese idilio se narraría en su novela Los cosacos.  

Le dan un permiso para una cura reumática en un balneario, y aburrido de tanto baño le dio por empezar a escribir. Tras haber presenciado los horrores de la guerra, su obra refleja la realidad de la sociedad rusa de esa época. Regresaría a San Petesburgo tras ver el horrible asedio de Sebastópol, que trajo consigo más de cien mil muertes.

Matrimonio con Sofía Behrs.

En 1862 se casó con Sofía Behrs, 16 años menor que él. Ella se encargaría del 'marketing' del esposo, le ayudaría en las finanzas y escribiría diarios sobre la vida de León Tolstói. Tuvieron 13 hijos.

Idiología y Movimiento Tolstoyano.

Su pensamiento dio lugar a lago que se conoce como el Movimiento Tolstoyano. Creía que el hombre no necesitaba lujos, abandonando la vida glamurosa de autor consagrado para retirarse a su pueblo como zapatero. Era vegetariano, y uno de los primeros naturistas.

 En la última etapa de su vida habló por carta con el mismísimo Mahatma Ghandi sobre la resistencia pacífica y otros temas ideológicos.

movimiento-tolstoyano-leon-tolstoi

Muerte.

Tras haber huido de su vida en la ciudad y haber abandonado a su familia para su retiro en el campo, murió de una neumonía a la edad de 82 años.

Novelas de Lev Tolstói.

Infancia, Adolescencia, Juventud (tres novelas de 1852 a 1856).
Los cosacos (1863). Esta novela autobiográfica, uno de los mejores libros de Tolstói, narra las experiencias del autor durante la Guerra del Cáucaso.
Guerra y Paz (1869). La novela más conocida de Lev Tolstói. Cuenta la vida de cinco familias nobles rusas durante la invasión napoleónica del país en 1812.
Anna Karénina (1877). La obra cumbre de Tolstoi junto con Guerra y Paz. En el decadente Imperio Ruso, la aristócrata Anna abandona a su esposo, su familia y su vida y marcha con su amante.
Obras póstumas:

mejores-novelas-leon-tolstoi

viernes, 27 de julio de 2018

Vida y obra del poeta Manuel Machado, hermano de Antonio Machado.

Poemas y biografía de Manuel Machado, el hermano de Antonio Machado.

Los poemas más conocidos del gran poeta Sevillano que siempre fue ensombrecido por su hermano.

manuel-machado-biografía-obra

Manuel Machado nació en 1874. Aunque menos conocido que su hermano pequeño Antonio Machado, fue también un poeta importante dentro del modernismo. Su estilo era una original rebujito entre el sentimiento andaluz con la modernidad.

Infancia.

Aunque nace en Sevilla, en 1883 se muda a Madrid. Allí estudia en la Institución libre de enseñanza. Allí él y su hermano comienzan a publicar sus primeras obras literarias. Por estos años conoció a Rubén Darío, y este se convirtió en su maestro a partir de entonces.

Madurez y obra poética y teatral.

Más tarde se traslada a París, donde publicaría su primer libro de poesía, Alma, en 1902, influenciado por la poesía simbolista que había conocido en la Ciudad de la Luz (si no tenéis ni idea de lo que es eso del simbolismo, tranquilos). En este libro ya consigue una calidad como la del poema Alma que podéis leer al final de este post. Esta obra y las posteriores Caprichos (1905) y La fiesta nacional (1906) le dieron popularidad y renombre ya en su época. Tal vez en sus últimas obras tiende un poco hacia los tópicos y hacia una poesía más superficial. (El pobre estaría ya mayor y no estaría ya para escribir, el pobre).

Se casó con su prima Eulalia en 1910.

Aparte de poesía, escribió obras de teatro, algunas junto con su hermano, Antonio. Por ejemplo, Juan de Mañara, La Lola se va a los puestos, La duquesa de Benamejí o El hombre que murió en la guerra.

Muerte.

Murió en Madrid el 19 de enero de 1947.

Obra: poemas.

Andalucía.

Cádiz, salada claridad; Granada,
agua oculta que llora.
Romana y mora, Córdoba callada.
Málaga cantaora.
Almería dorada.
Plateado Jaén. Huelva, la orilla
de las Tres Carabelas...
Y Sevilla.

La copla.

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben los cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Cantares.

Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares, dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra
un mozo moreno rasguea la guitarra.
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida.
Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?

Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte: madre, pena, muerte;
ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares...
En ellos, el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía...
Cantares son solo los de Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.

Alma.

Yo soy como las gentes que a la Tierra mía vinieron
-soy de la raza mora, vieja amiga del sol-,
que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo alma de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto en una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
Mi ideal es tenderme, sin ilusión alguna,
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de tarde, no hay contornos...;
y la rosa simbólica de mi única pasión...
es una pasión que nace en tierras ignoradas
y que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos...¡pero no darlos! Gloria ¡la que me deben!
¡Que todo como un aura se venga a mí!
¡Que las olas me traigan y las olas me lleven,
y que jamás me obliguen el camino a elegir!

¡Ambición! No la tengo. ¡Amor! No lo he sentido.
No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.
Un vago afán de arte tuve... ya lo he perdido.
Ni el vicio me seduce ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia dudar jamás se pudo.
No se ganan, se heredan, elegancia y blasón.
Pero el lema de la casa, el mote del escudo,
es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo ni os odio. Con dejarme,
lo que hago por vosotros, hacer podéis por mí.
¡Que la vida se tome la pena de matarme,
que yo no me tomo la pena de vivir!...

Mi voluntad se ha hecho en una noche de luna
en que era muy hermoso no pensar ni querer...
De cuando en cuando, un beso y un nombre de mujer.
¡El beso generoso que no he de devolver!




lunes, 23 de julio de 2018

Novelas y textos que no usan alguna letra. ¿Qué son los lipogramas?

¿Qué significa lipograma? Son textos en los que se evita usar una o más letras.

Ejemplos de lipogramas famosos, libros, cuentos y poemas sin 'a', sin 'e'...


Un lipograma es un texto en el que no se utilizan una o varias letras del alfabeto porque al autor, básicamente, no le da la gana. El por qué a algunos autores les da por complicarse la vida no me lo preguntéis, yo solo estoy aquí para poneros algunos ejemplos.

libros-sin-vocales

El lipograma más antiguo del que se tienen datos es la 'Oda a los Centauros', un poema de Laso de Hermione, escrito en el siglo IV a.C, y en el que se evita utilizar la letra sigma (letra número dieciocho del alfabeto griego). ¿Por qué? No le gustaba. Hizo lo mismo en el 'Himo a Démeter'.

Néstor de Larando hizo en el siglo III después de cristo una versión de la Ilíada en la que evitaba usar una letra del alfabeto en cada uno de los 24 cantos. En el primero no usa alfa, en el segundo no usa beta... y así sucesivamente.

Ya en el siglo XVII, el portugués Alonso de Alcalá 'Varios effetos del amor en cinco novelas ejemplares'. En cada una de estas novelas evitó usar una de las vocales.

Es muy conocido el caso de Gottlob Burmann, que odiaba y temía a la letra 'r' como al mismo demonio. No la usó en ninguno de sus 130 poemas, y al final de su vida se le fue tanto la cabeza que dejó de pronunciar las palabras que contenían esta letra. El problema vendría cuando tuviese que decir su nombre completo en voz alta, pues su apellido, Burmann, lleva 'r'.

Pero el que es probablemente el lipograma más famoso es la novela Gadsby (por supuesto, nada que  ver con El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald), de Ernest Vincent Wright. Un libro de 50.000 palabras (más de doscientas páginas) escrito sin usar la letra 'e', la letra más común en inglés. Para evitar pulsar sin querer la tecla de esta letra en la máquina de escribir, Wright la ató, o eso dicen. Si realmente lo hizo, ¿cómo es que se le colaron dos 'e'? Estos dos errores están en las páginas 51 y 103, las dos en la palabra 'the' (la conjunción 'y' en inglés).

libro-sin-e

La parte más difícil de escribir evitando usar esta letra es que la mayoría de los tiempos verbales en pasado en inglés acaban en -ed, por lo que cada frase en pasado habría sido una pesadilla de escribir, visto que solo podría emplear verbos irregulares, que no acaban de esta manera.

Hoy en día una primera edición de Gadsby valdría un ojo de la cara, pues la mayoría se quemaron en un incendio. Al ser tan escasas y al ser tan raro el libro por marginar de esa manera la letra 'e', es un tesoro de coleccionista.

En 1969 el francés George Perec copió la idea de Wright y escribió La disparition, un libro que habla de un secuestro, hasta que se descubre que la desaparecida es la 'e', que no aparece en ninguna página del libro. En la novela hay un personaje llamado Lord Gadsby V. Wright, en honor a la novela y al autor que lo habían inspirado. En español, el libro de Perec se llama El secuestro, y en él no se usa nunca la 'a', la letra más frecuente en este idioma.

Otro ejemplo que merece la pena mencionar es el cuento de Rubén Darío 'Amar hasta fracasar', usando solo una vocalla 'a'.

escribir-lipogramas
¿Qué letra odias más? ¡Escribe una historia sin ella!

Esto ha sido todo por hoy. ¿Conocéis algún otro ejemplo de lipogramas? ¿Os animáis a escribir alguno? Hasta pronto!


viernes, 20 de julio de 2018

Cierre, cuento en base a una palabra aleatoria.

Un cuento sobre la imaginación y el tiempo.

Un relato muy corto sobre la historia de un niño que, aunque no lo parezca, vivió más libre que cualquier adulto.

Escribí este cuento a partir de una palabra aleatoria. Hay páginas web que te proporcionan palabras al azar. Yo le pedí a la página tres palabras y me quedé con la que más me gustó. Fue cierre. Eso me llevó a una habitación cerrada y... Bueno, el resultado lo podéis leer:


  • Hace unos meses hice algo parecido en base a la palabra Tren.

cierre-cerrojo-historia-corta

Cierre.

La habitación estaba cerrada y vacía. Dentro, no había muebles. Dentro no había nada. Ni nadie. En fin, en realidad había una persona. O una ex-persona. Un cadáver. 

Había llegado ahí vivito y coleando. Hacía apenas unos minutos. Llegó como un pequeño niño con apenas unos pocos años de vida. Nadie sabe como acabó en aquella habitación cerrada. Nadie. Lo que sí sé es lo que pasó después. 

El niño pensó que las paredes blancas y vacías de la habitación eran aburridas, y necesitaban algo con lo que rellenarlas, y se imaginó un prado verde. En el prado verde imaginó una casa, pequeña pero acogedora, con tejas rojas, muros blancos y rodeada de setos. Caminó hacia la casa de las tejas rojas, los muros blancos y el seto y entró. En la casa encontró un anciano. Era un señor arrugado como el dedo gordo del pie después de pasar mucho tiempo en la piscina, con unas gafas que parecían prismáticos y una sonrisa que llegaba hasta sus patillas. El anciano era muy cálido y amable. Al ver al pequeño solo y sorprendido, le ofreció comida y una cama. Al día siguiente le permitió al chico quedarse, pues el joven no sabía a dónde ir, e igual la noche posterior. Pronto se hicieron amigos, y pasaron todas las noches juntos. Con el tiempo, eran inseparables. El anciano lo crió como a un hijo, lo vio crecer y cuando el chico tuvo la edad suficiente, le dio trabajo en su finca como pastor. Unos años más tarde, el pastor conoció a una bella joven, se casaron y tuvieron tres hijos. El niño imaginó su vida entera en cincuenta segundos, y a los cincuenta y un segundos murió de anciano a los setenta y siete años de edad. 

Y es que el tiempo no solía correr igual para todos, hasta que algún maniático del orden creó el reloj. Otro maniático del orden creó la realidad única, y ya no podemos elegir la realidad que más nos gusta. Yo soy otro maniático del orden, y  por eso fabrico relojes para hormigas. Las hormigas son los seres más organizados del mundo, todas en fila, tan coordinadas. Si viviesen muchos años, yo tendría más tiempo para estudiarlas y averiguar el secreto de su orden.

Darío Bejarano Paredes (Atoman), que soy yo.

tiempo-imaginación-cuento

Espero que hayáis disfrutado. Si os gusta, seguidme. Es muy difícil conseguir seguidores cuando se tiene un blog. Siguiéndome me apoyáis y me animáis a seguir publicando. Hasta pronto, nos vemos en el siguiente post!

miércoles, 18 de julio de 2018

La biografía de Gabriel García Márquez y el 'boom' latinoamericano.

Vida de Gabriel García Márquez, el escritor colombiano Premio Nobel de Literatura.

El autor de 'Cien años de soledad' o 'El amor en los tiempos del cólera' fue la principal figura del 'boom' de la literatura latinoamericana de 1960.

escritor-gabo-biografía

Gabriel García Márquez nació en Aracataca, Colombia, en 1927 y murió en la Ciudad de Méjico en 2014. Fue uno de los mejores escritores hispanos del siglo XX, si no el mejor, y la principal figura del llamado boom de la literatura latinoamericana que tuvo lugar alrededor de los años sesenta del siglo pasado. La característica más conocida de sus obras era el realismo mágico. Fue Premio Nobel de Literatura en 1982.

Infancia y padres.

Gabo era hijo de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez. El padre de ella estaba en contra de esta relación, y la llevó lejos para alejarla de él. Sin embargo, Gabriel Eligio la siguió cortejando escribiéndole cartas de amor, telegramas y poemas y tocándole el violín. Fue esta anécdota la que inspiraría el cortejo de Florentino Ariza a Fermina Daza en la novela de García Márquez 'El amor en los tiempos del cólera'. ¿Conoces el comienzo de este libro?

El escritor tal vez se interesara por primera vez por la literatura cuando era solo un niño y sus abuelos y su madre le contaban cuentos. El autor se enamoró por primera  vez con cinco años de la profesora que le enseñó a escribir.

cuentos-gabo-niñez


Estudios.

Durante una etapa de su infancia acudiría al Liceo de Zipaquirá, donde le impartía clases Carlos Julio Calderón Hermida, a quién dedicaría su novela 'La hojarasca' con estas palabras: 'A mi profesor Carlos Julio Calderón Hermida, a quien se le metió en la cabeza esa vaina de que yo escribiera'. Para ir a esa escuela debía efectuar un viaje en un barco de vapor por el Río Magdalena, inspirando esto, junto con los cuentos orales que le contaban sus familiares, la atmósfera mágica de 'Cien años de soledad' y probablemente múltiples pasajes de 'El amor en los tiempos del cólera'.

Sus padres le hicieron irse a Bogotá a estudiar Derecho en 1947. Mientras estudiaba una carrera que no le atraía, publicaba a la vez su primer cuento, 'La tercera resignación', y el segundo, 'Eva está dentro de un gato'.  El escritor nunca terminó los estudios, y empezó a trabajar como periodista.

comienzos-garcia-marquez-periodista

Vida adulta.

Los años cuarenta no fueron años en los que nadase en la abundancia, precisamente. Una anécdota dice que cuando no tenía dinero para pagar el alquiler, le daba al arrendador los borradores de sus novelas, diciéndole que le pagaría al día siguiente para recuperar aquellos papeles tan importantes para él. Por aquellos tiempos pertenecía al llamado club literario de la Barranquilla, época en la que leyó a importantes autores como Albert Camus o Virginia Woolf.

Durante estos, sus años de estudio, al la edad de trece años, conoció a Mercedes Brancha, su futura esposa, a la que cortejó durante unos dieciocho años hasta que se casaron en 1958. Ya había publicado entonces su primera obra, 'La hojarasca', y su libro 'El coronel no tiene quién le escriba'. También había publicado el reportaje llamado 'Relato de un náufrago', que fue censurado por incluir información que afectaba negativamente al gobierno, que había mentido sobre las causas del hundimiento del barco que se menciona en el texto. Se había dicho que había sido debido a una tempestad, cuando el barco había naufragado debido a que se había cargado en el barco mercancía de contrabando. Por aquellos tiempos el periódico donde trabajaba entonces lo mandó a Europa. Allí escribió los libros 'El coronel no tiene quién le escriba' y 'La mala hora'. En el Continente Europeo, vio el mundo desde otra perspectiva que le hizo comprender que latinoamérica estaba más viva que la decadente Europa.

Él y su mujer Mercedes se instalaron en Nueva York después de tener a su hijo Rodrigo, que nació en 1959. En 1962 nació su segundo hijo, Gonzalo. Más tarde se instalaron en Méjico D.F.

esposa-garcia-marquez-mercedes
Gabriel García Márquez se casó con Mercedes Brancha en 1958.


Popularidad global.

El escritor adquiriría fama mundial con la publicación de su novela 'Cien años de soledad' en 1967, tal vez el libro más importante del siglo XX. Esta obra vendió 8.000 ejemplares en una semana. En un periodo de tres años se habían vendido ya un millón y medio de copias.

¿Conoces la historia detrás de la primera portada de este libro?

Publicaría más novelas, todas ellas de gran fama y notoriedad, como 'El otoño del patriarca' (1975) y 'Crónica de una muerte anunciada' (1981).

En 1982, época en la que el gobierno de Colombia lo mantenía exiliado en Méjico por sus ideas políticas, le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura. Dio un discurso llamado 'La soledad de América Latina', sobre el desprecio y los prejuicios de Europa hacia latinoamérica. A partir de recibir el galardón se convirtió en toda una figura de su cultura.

En 1985 publicó otra de sus novelas más importantes, 'El coronel no tiene quien le escriba'. La publicación en 2002 de la primera parte de sus memorias, 'Vivir para contarla', fue un éxito global.

reconocimiento-gabo-nobel-literatura

Muerte.

Falleció en 2014 debido a una recaída en un cáncer linfático que había superado quince años antes.

Espero que os haya gustado este artículo sobre el que es mi escritor favorito. Recordad por favor seguidme, haciendo 'click' en el botón azul de la columna de la derecha (o en el menú si accedéis con un teléfono móvil) donde pone 'seguir', a mí me es de gran ayuda y no cuesta nada. Nos vemos en el próximo post!!!

lunes, 16 de julio de 2018

'La caja frágil', un poema para toda la familia sobre los miedos y el alma.

La caja frágil, un poema infantil, tierno y bonito.

Un cariñoso poema para niños y adultos sobre el miedo a lo desconocido y nuestro interior.

poema-niños-corazón

La caja frágil



Soy una caja, y no sé lo que tengo dentro.
Soy una caja roja, al menos por la parte que enseño.

Y si en mi envoltura pone 'frágil',
bien podría referirse a mí, y no a lo que contengo
porque soy de susto fácil
y aparte de mi contenido, tengo miedo.

Y es que lo oscuro,
a mi me da mucho susto.
Supongo... que mi interior está negro...
Y la oscuridad me da miedo.

¿Y si tengo dentro un juguete?
¡Me asustan los niños!
Les gusta aprovechar el continente,
y harán conmigo un castillo.

No peso ni mucho ni poco
No soy ni pequeña ni grande
¿Y si en mi interior alojo
una bomba envuelta en cables?

¿Es eso que escucho
un tic, tac?
¡No lo dudo!
¡Voy a reventar!
Tres, dos, uno...
¡Falsa alarma!
¡Que susto!

Sigue el sonido...
¿llevaré un reloj de cuco?
¿Y si sale el pájaro en un minuto
y me atraviesa, muy astuto?
Esto cada vez me da más susto...
¡El tic, tac se acelera!
¡El boom se acerca!


Nada pasó, mas 
debido al sobresalto,
la caja se cayó de lado,
abriéndose de par en par,
y su contenido pudo revelar.

¿Que qué contenía?
Su corazoncito que latía
y ese ritmo parecía
un tic, tac, por los nervios acelerado.

Darío Bejarano Paredes, Atoman (o sea que soy yo).
   
poemas-niños-y-adultos
                                     


  • ¿Quieres leer más poemas en este blog?
  • Recuerda seguirme para ayudarme si te ha gustado, y pásate por el blog de vez en cuando.
¡Hasta pronto!

Tal vez te interese...

'Mariposas oxidadas': mi poemario sobre la adolescencia, el amor y la más íntima rebeldía

Mariposas oxidadas: nuestra mirada honesta sobre la juventud o el amor, atacados desde sus propias vísceras. Mariposas oxidadas es el nuevo...

Seguidores

About